viernes, 25 de julio de 2014

ideas revolucionarias

Llevo muchos días fuera de casa. Parece mentira lo mucho que se puede echar de menos un lugar, un paisaje. Echo de menos esa montaña con forma de pájaro, la casa en ruinas al otro lado de la carretera, el campo de maiz y el sonido del tren. En la ciudad no oigo grillos bajo la ventana, no me despiertan los pájaros. Aquí no hay un lugar al que pueda llamar mío. Así que cuando comencé a trabajar en este cuaderno, a imaginar cómo quedaría, a doblar, cortar, pegar y barnizar, y me sentí como en casa me recordé a mi misma que solo me quedan unos días para volver. Y tuve una idea. Si sigo siendo la misma, si sé con seguridad qué es lo que me gusta, si puedo sentirme bien recurriendo a ello, no importa dónde, ¿no serán esas las cosas a las que debo llamar casa?. No las vistas, ni el clima, ni siquiera la gente, o todo aquello que me pertenece, sino yo misma, mis pensamientos, mis habilidades, mis fortalezas, mis recuerdos... Sentirse en casa, ¿no es, al fin y al cabo, sentirse a gusto en tu propia piel?

Piel republicana es la que envuelve este cuaderno, hecho para alguien que trabaja para los demás, que ayuda a crecer, que ve lo que los demás pasamos por alto. Páginas en blanco para sus ideas revolucionarias.